22 noviembre 2017

Jordi Villaronga, El centinela

Esperar, sufrir,
dar vueltas por la casa,
atender un regreso,
desear verdad y venganza,
cavar la bajeza.

Nada más puedo hacer
con todo esto que soy,
aun sabiendo que,
cuando tienes pavor,
la peor soledad
es la del centinela.
Jordi Virallonga
España
Barcelona 1955

21 noviembre 2017

Shakespeare, Marin Sorescu

Shakespeare creó el mundo en siete días.
En el primero hizo el cielo, los montes, los abismos
Del alma.
En el segundo hizo los ríos, los mares, los océanos
Y demás sentimientos,
Y se los entregó a Hamlet, Julio César , Cleopatra y Ofelia,
A Otelo y otros,
Para que se enseñorearan en ellos con sus sucesores
Por los siglos de los siglos.
El tercer día reunió a todos los hombres
Y les enseñó los gustos:
El gusto de la felicidad, el gusto del amor, el gusto
De la desesperación,
El gusto de los celos, el gusto de la gloria.
Entonces fue que llegaron unos individuos que se habían retrasado.
El Creador les acarició, compasivo, la cabeza,
Y les dijo que no les quedaba sino hacerse
Críticos literarios
Y negar su obra.
El cuarto y el quinto día los reservó a la risa.
Liberó a los payasos
Para que hicieran sus cabriolas
Y dejó a reyes, emperadores
Y otros infelices divirtiéndose.
El sexto día solucionó unos problemas administrativos:
Desencadenó una tormenta,
Enseñó al rey Lear
Cómo llevar su corona de paja.
Habían quedado algunos desechos del génesis
Y creó a Ricardo III.
El séptimo día echó una mirada para ver si le quedaba algo por hacer.
Los directores de teatro ya habían llenado la tierra con carteles,
Y Shakespeare consideró que después de tanto esfuerzo
Valía la pena ver también él un espectáculo.
Pero antes de esto, sintiéndose sumamente agotado,
Se fue a morir un poco.
Marin Sorescu
Rumania
Bulzești , 29 de febrero de 1936
Bucarest, 8 de diciembre de 1996

Aimé Cesáire, Lluvia

Lluvia que en tus más reprensibles desbordamientos no
te preocupas
de olvidar que las muchachas de Chiriqui de pronto sacan
de su corpiño nocturno una lámpara hecha de luciérnagas
emocionantes.
Lluvia capaz de todo menos de lavar la sangre que corre por los
dedos de los asesinos de los pueblos sorprendidos bajo
los inmensos bosques de la inocencia.
Aimé Cesáire
Martinica
Basse-Pointe, 26 de junio de 1913
Fort-de-France, 17 de abril de 2008

20 noviembre 2017

Blas de Otero, Ecce Homo

En calidad de huérfano nonato,
y en condición de eterno pordiosero,
aquí me tienes, Dios. Soy Blas de Otero,
que algunos llaman el mendigo ingrato.

Grima me da vivir, pasar el rato,
tanto valdría hacerme prisionero
de un sueño. Sí es que vivo porque muero,
¿a qué viene ser hombre o garabato?

Escucha cómo estoy, Dios de las ruinas.
Hecho un cristo, gritando en el vacío,
arrancando, con rabia, las espinas.

¡Piedad para este hombre abierto en frío!
¡Retira, oh Tú, tus manos asembrinas! 
¡No sé quién eres tú, siendo Dios Mío!
Blas de Otero
España
Bilbao, 15 de marzo de 1916

Majadahonda, 29 de junio de 1979

19 noviembre 2017

Encarna León, He vivido en tu playa

Traigo las manos llenas
de azuladas neblinas con sabor a salitre.
Niebla densa del sueño, inalcanzable sueño,
el que aprisiono siempre entre todas mis cosas.
Y el azul de mis pasos sellaban con un nombre
la arena cristalina al son de mi costumbre.
Traigo los pies desnudos
como palomas frágiles cruzando los esteros
más dulces del camino. Un camino sembrado
de huellas que señalan tus rincones de lluvia.
La lluvia que comparto con la brisa que llega
e ilumina temprana mi cuenco derramado.
Traigo la voz sujeta
al día en sus comienzos grises,
y no quiero gastarla, porque la guardo ansiosa
para esparcir tu nombre por esta playa abierta
de frescas caracolas.
Ven, te necesito al lado,
pisaremos las aguas en su dulce cuidado
de finas transparencias,
descenderemos juntos hasta el final preciso.
Allá, bajo los arrecifes,
un castillo de sal nos abrirá sus puertas,
saciaremos en él un mundo de sirenas
de adolescentes juegos,
de joviales corales incendiados de amor,
y cabellos de algas danzarán por las olas.
Déjame que te sueñe por este mar tranquilo.
Si ya no lo deseas, pronúnciate bajito,
como un pulso de sal aprisionado y lento.
Y buscaré otros surcos de amadas latitudes,
y tal vez Alfonsina escuchará mi canto
y juntas buscaremos caracolas marinas. 
Encarna León
España
Granada, 1944

Lisboa, Juan Carlos Bayona

No voy a decir que no te he visto
cualquiera sabe
que sólo existe lo soñado
pero perdona mi tardanza de estos años
perdona aquella duda de la rua Cesteiros
perdona alguna vez
mi corazón en las aceras.
Puedes estar tranquila
durarás más allá del olvido de los hombres
porque no eres una ciudad
sino un mediodía sostenido de rosado.
Juan Carlos Bayona
Colombia
Bogotá, 1959

18 noviembre 2017

Blanca Castellón, Resolución

Arrugué la mañana 
y decidí tirarla   
al cesto del olvido,
después de todo   
no era más         
que el borrador   
de otras mañanas   
mucho más limpias. 
Blanca Castellón
Nicaragua
Managua, 1958

A Miguel, Olvido García Valdés

Te habías quedado todo el día
allí, de pie, mirando las montañas,
y era, dijiste, alimento
para los ojos, corazón
quebrantado. Yo pasaba, parece,
en el atardecer,
andando en bicicleta por un sendero.
Lo cuentas y quedo contemplándolo
con esperanza, una buena esperanza
nodriza de la vejez. Yo lo llamo
dulzura, la música dulzura que conforta
o hidrata la aspereza. Algunos niños
cercanos al autismo, cuando crecen,
imprimen o padecen movimiento
constante, un ritmo de hombros
ajeno a cualquier música, latido,
circulatoria sangre propia, sin contacto.
Sólo a veces sus ojos buscan
engañosamente; no hay dulzura
ni aspereza, un sonido
interior los envuelve, sangre roja.
Contemplo las montañas de tu sueño,
busco en ellas tus ojos.
Y escruto, sin embargo, el corazón,
las junturas y médula, los sentimientos
y pensamientos del corazón. Nada hidrata.
Nada amortigua. Escrutar es áspero
y no lame. Las horas últimas
de la vigilia: sabia
la disciplina monacal que impone
levantarse a maitines. Enjugar,
sostener, confortar: mirar la noche.
Volver al corazón. Entonces ya la música
es azul, azul es la dulzura. Pedir.
Olvido García Valdés
España
Santianes, 2 de diciembre de 1950

17 noviembre 2017

Olga Bernard, Semper Fidelis

La sed, escandalosamente pervertida
por la necesidad brutal de ser saciada
cada uno de los días de tu vida.
La esclavitud del cuerpo que pretende
su parte del dolor, la primavera
y el ajusticiamiento inmoral de las espigas
con la excusa poética del pan.
El tiempo alegre de las recolecciones
no es más que el escenario del placer,
su sabor a condena y a derrota.
Créeme, yo quería,
pensaba ser estricta primavera,
muerte ideal del alma atrincherada
en la flor del cerezo que la lluvia arrancó.
No dejar de ser flor, morir sin fruto
y siempre sin placer; morir sin dudas,
sin nada más, contigo en la memoria.

Te imagino
buscando como yo la luna negra,
con la misma imprudencia de otros hombres.
Y sólo te prometo que solamente tú
tendrás de mí ese no de tu mirada,
el ciego no de ti,
el que me hace llorar y me despierta.

Pero estoy viva y junio
desespera esta noche mi alegría:
en la fiesta pagana de las recolecciones,
nocturnas hadas bajo los cerezos acarician mi amor
y tú no vienes.
Lo siento.
Ningún ángel me mira cuando espero
ese beso caliente
en el rincón más tuyo de mi cuello
y la nostalgia en junio
de cada escalofrío y del rubor.
Olga Bernard
España
Zaragoza, 1969

A Paloma, Juan Gustavo Cobo Borda

Atravesé
los espasmos sofocantes
del amor
y las bocas
desquiciadas
por el placer
y las incómodas servidumbres
que imponen ambos
para arribar a este reino
donde
la emperatriz de la risa
dicta sus decretos
(en idioma de tres años)
e impone,
sin condiciones,
la rendición
absoluta.
 Juan Gustavo Cobo Borda
Colombia
Bogotá, 1948

16 noviembre 2017

Jorge Guillén, Amor dormido

Dormías, los brazos me tendiste y por sorpresa
rodeaste mi insomnio. ¿Apartabas así
la noche desvelada, bajo la luna presa?
tu soñar me envolvía, soñado me sentí.
Jorge Guillén 
España
Valladolid, 18 de enero, 1893
Málaga, 6 de febrero, 1984

La espera, Silvia Eugenia Castillero

Eloísa espera.
Un silencio de quilla de barco
al romper las aguas atraviesa cada
trazo del tiempo,
allí suspendida una gota se alarga
se alarga,
la espera inconclusa
colgando
de cualquier veta.
Puede ser una rama
rodeada de vacío, de esa nada
que sigue detenida,
queriendo volcarse en algo,
caer por fin, romperse.
Silvia Eugenia Castillero
México
Ciudad de México, 1963

15 noviembre 2017

Kay Ryan, Pérdidas

La mayoría de las pérdidas agregan algo-
un nuevo hueco o un silencio,
un espacio en un personal
archipiélago de islas.

Tenemos esa diferencia
a donde ir – en sí misma
una sucesión de posibilidades.

Pero hay otras pérdidas
tanto más allá de nuestro conocimiento
que dejan sólo agujeros
en los agujeros

como el fin de las
largas y solitarias vidas
de los náufragos
creídos muertos por error. 
Kay Ryan
Estados Unidos
San José, California, 1945

El nuevo soneto a Helena, Pablo Neruda

Cuando estés vieja, niña (Ronsard ya te lo dijo),
te acordarás de aquellos versos que yo decía.
Tendrás los senos tristes de amamantar tus hijos,
los últimos retoños de tu vida vacía...

Yo estaré tan lejano que tus manos de cera
ararán el recuerdo de mis ruinas desnudas.
Comprenderás que puede nevar en primavera
y que en la primavera las nieves son más crudas.

Yo estaré tan lejano que el amor y la pena
que antes vacié en tu vida como un ánfora plena
estarán condenados a morir en mis manos...

Y será tarde porque se fue mi adolescencia,
tarde porque las flores una vez dan esencia

y porque aunque me llames yo estaré tan lejano...
Pablo Neruda
(Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto)
Chile
Parral, 2 de julio de 1904/
Santiago de Chile, 23 de septiembre de 1973

14 noviembre 2017

Shuntaro Tanikawa, Secreto

Alguien oculta algo.
     No sé quién,
     no sé qué.
     Si lo supiera lo sabría todo.
     Aguanto la respiración y escucho
     el rumor de la lluvia por el suelo.
     Algo estará ocultando.
     Cae para que sepamos su secreto
     pero no puedo descifrar su código.
     Me escurro en la cocina,
     husmeo,
     veo la espalda de mi madre.
     También oculta algo.
     Piensa en sus cosas mientras ralla un rábano.
     Me intrigan los secretos
     pero nadie me cuenta nada.
     Me asomo al agujero de mi pecho:
     sólo veo, nublado, el cielo negro.
 Shuntaro Tanikawa
Japón
Tokio, 1931