22 octubre 2017

Judith Beveridge, Situación

Ahora anochece sobre las casas.
¿Quién vive en ellas?
La calle es un sello negro
que mi voz no logra romper.

Sola, subo a mi cuarto
mi corazón está callado y caliente
como arena donde sólo el sol
ha cruzado por siglos.

Desde las otras casas escucho
voces, humedecidas con risas.
Los corazones de los niños burbujean
dentro de ellos como grumos de sorbete.

Mi lengua está muda como un feto.
Ni siquiera puedo recordar
poemas para instalarlos como rejillas
sobre este abismo de silencio.

Esta noche, si los sueños llegan
serán pequeños y distantes.
Ninguna luna desafiará
lo negro del infinito.
Judith Beveridge 
Reino Unido
 Londres, 1956.

21 octubre 2017

Ángela Figuera Aymerich, Belleza cruel

Dadme un espeso corazón de barro,
dadme unos ojos de diamante enjuto,
boca de amianto, congeladas venas,
duras espaldas que acaricie el aire.
Quiero dormir a gusto cada noche.
Quiero cantar a estilo de jilguero.
Quiero vivir y amar sin que me pese
ese saber y oír y darme cuenta;
este mirar a diario de hito en hito
todo el revés atroz de la medalla.
Quiero reír al sol sin que me asombre
que este existir de balde, sobreviva,
con tanta muerte suelta por las calles.

Quiero cruzar alegre entre la gente
sin que me cause miedo la mirada
de los que labran tierra golpe a golpe,
de los que roen tiempo palmo a palmo,
de los que llenan pozos gota a gota.

Porque es lo cierto que me da vergüenza,
que se me para el pulso y la sonrisa
cuando contemplo el rostro y el vestido
de tantos hombres con el miedo al hombro,
de tantos hombres con el hambre a cuestas,
de tantas frentes con la piel quemada
por la escondida rabia de la sangre.

Porque es lo cierto que me asusta verme
las manos limpias persiguiendo a tontas
mis mariposas de papel o versos.
Porque es lo cierto que empecé cantando
para poner a salvo mis juguetes,
pero ahora estoy aquí mordiendo el polvo,
y me confieso y pido a los que pasan
que me perdonen pronto tantas cosas.

Que me perdonen esta miel tan dulce
sobre los labios, y el silencio noble
de mis almohadas, y mi Dios tan fácil
y este llorar con arte y preceptiva
penas de quita y pon prefabricadas.

Que me perdonen todos este lujo,
este tremendo lujo de ir hallando
tanta belleza en tierra, mar y cielo,
tanta belleza devorada a solas,
tanta belleza cruel, tanta belleza.
Ángela Figuera Aymerich
España
Bilbao, 30 de octubre de 1902
Madrid, 2 de abril de 1984

Friedrich Nietzsche, Habla el solitario

¿Tener yo pensamientos?
¡Bueno! ya sé que por señor me quieren.
¿Pero hacerse uno mismo pensamientos?
¡Cuán gustoso olvidara yo tal arte!
A aquel que se fabrica pensamientos
Sus mismos pensamientos lo dominan;
Y yo no quiero servir ahora ni nunca.
Friedrich Nietzsche
Alemania
Röcken, 15 de octubre de 1844

Weimar, 25 de agosto de 1900

19 octubre 2017

Porfirio Barba Jacob, Canción de la vida profunda

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonríe.
La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar.

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de oscuro pedernal:
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútiles monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
(¡niñez en el crepúsculo! ¡Lagunas de zafir!)
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
y hasta las propias penas nos hacen sonreír.

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos puede consolar.

Mas hay también ¡Oh Tierra! un día... un día... un día...
en que levamos anclas para jamás volver...
Un día en que discurren vientos ineluctables
¡un día en que ya nadie nos puede retener! 
Porfirio Barba Jacob
Colombia
Santa Rosa de Osos, 29 de julio de 1883
Ciudad de México, México, 14 de enero de 1942

18 octubre 2017

Gabriele D’Annunzio, Mujeres

Han existido mujeres serenas de ojos claros,
infinitas y silenciosas como esa llanura
que atraviesa un río de agua pura.

Han existido mujeres con visos de oro,
rivales del estío y del fuego, semejantes a
trigales lascivos que no hieren la hoz
con sus dientes pero arden por dentro
con fuego sideral ante el cielo despojado.

Han existido mujeres tan leves
que una sola palabra, una sola,
las convirtió en esclavas. Y existieron otras,
de manos rojizas, que al tocar una frente
suavemente disiparon ideas terribles.

Y otras cuyas manos exangües y elásticas,
con giros lentos aparentaban insinuarse
creando una urdimbre rara y fina
en que las venas simulaban
hilos de vibración ultramarina.

Mujeres pálidas, marchitas, devastadas,
ardidas en el fuego amoroso
hasta lo más profundo de sí mismas,
consumido el rostro ardiente,
con la nariz agitada por el impulso
de inquietas aletas, con los labios abiertos
como yendo hacia las palabras pronunciadas,
con los párpados lívidos
como las corolas de las violetas.

Y todavía han existido otras y,
maravillosamente, yo las he conocido.
Gabriele D’Annunzio
Italia
Pescara, 12 de marzo de 1863, Pescara
Gardone Riviera, 1 de marzo de 1938

17 octubre 2017

Jader Rivera, Señor del silencio

Señor del silencio,
Señor Dios de la hoja
que habla
cuando sopla el viento.

Señor Dios del árbol,
de la raíz,
del tronco, del ave en la distancia
y su cielo.

Señor Dios,
ten compasión de mí,
salta sobre mí pecho,
desgarra mi garganta,
bebe mis sesos.

Señor Dios,
vacíame de mí
y lléname todo de ave,
de tierra,
de viento,
de cielo.

Que muerto de mí
crezca sobre mí el pasto.
Que muerto me quepa
en el alma
todo tu silencio.
Jader Rivera
Colombia
Teruel, Huila. 1964

16 octubre 2017

Nicole Cage-Florentiny, Canción de agua

Canción de agua
Que salta entre las rocas
Del río del tiempo.
Canción de agua
Cuando Padre y Madre se amaban
Y la leche de las vacas
Corría a mares
En las mañanas de la ternura:
¡La infancia!
La infancia, que sabe a leche de vaca,
A nueces de anacardo y a mango canistel.
La infancia al borde de la fuente
Y el ciruelo de citera ofrecía al viento su densa
corona de oro.
Canción de agua:
La infancia salta en el desvío de un camino
Que es difícil de alcanzar,
Y dejar allí los ríos joviales
Que cantan canciones del tiempo antiguo,
Antaño,
Cuando Padre y Madre se amaban
Y la leche corría a mares
En la jícara de los días.
Nicole Cage-Florentiny
Martinica

Le François, 12 de septiembre de 1965 

15 octubre 2017

Meira Delmar, La tarde

Te contaré la tarde, amigo mío.

La tarde de campanas y violetas
que suben lentamente a su pequeño
firmamento de aroma.

La tarde en que no estás.

El tiempo, detenido, se desborda
como un dorado río.
Y deja ver en su lejano fondo
no sé que cosas olvidadas.
El día vuelve aun en una ráfaga
de sol,
y fija mariposas de oro
en el cristal de aire...
Hay una flauta en el silencio, una
melancólica boca enamorada,
y en la torre teñida de crepúsculo
repiten su blancura las palomas.

La tarde en que no estás... la tarde
en que te quiero.

Alguien que no conozco,
abre secretamente los jazmines
y cierra una a una las palabras.

Meira Delmar
 Colombia
Barranquilla,21 de abril de 1922/


14 octubre 2017

Diego Valverde Villena, Lunares

¡Juro que el lunar estaba aquí, aquí...!
Levanto con mis ojos el naipe de piel y no está
¡Pero si ayer lo vi ahí!
¿Por qué cambian de puesto tus lunares?
¿Qué los hace peregrinos?
¿Qué poderoso magnetismo rige sus extraños movimientos?
¡Ah, tus andariegos lunares...!
Son los puntos de los dados de Dios.
Ruedan por el tapete de tu piel.
Cada mañana, cada tarde, cada noche,
en los pliegues trucados de tu cuerpo se juega mi Destino. 
Diego Valverde Villena
Perú
San Isidro, Lima, 6 de abril de 1967

13 octubre 2017

Luis de Camões , Mudan los tiempos y las voluntades

Mudan los tiempos y las voluntades;
se muda el ser, se muda la confianza;
el mundo se compone de mudanza
tomando siempre nuevas calidades.

De continuo miramos novedades
diferentes en todo a la esperanza;
del mal queda la pena en la memoria
y del bien, si hubo alguno, las nostalgias.

Vuelve el tiempo a cubrir con verde manto
el valle en que la nieve relucía:
igual en mí se torna lloro el canto.

Y, salvo este mudar de cada día,
mudanza, hay otra de mayor espanto:
que no se muda ya como solía.
Luís de Camões 
 Portugal
Lisboa, 4 de febrero de 1524/10 de junio de 1580

12 octubre 2017

Claudio Rodríguez, Gorrión

No olvida. No se aleja
este granuja astuto
de nuestra vida. Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.
¿Qué busca en nuestro oscuro
vivir ¿Qué amor encuentra
en nuestro pan tan duro?
Ya dio el aire a los muertos
este gorrión, que pudo
volar, pero aquí sigue,
aquí abajo, seguro,
metiendo en su pechuga
todo el polvo del mundo. 
Claudio Rodríguez
España
Zamora, 30 de enero de 1934/
Madrid, 22 de julio de 1999

11 octubre 2017

Pablo Neruda, Tu risa

Quítame el pan, si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de plata que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mi todas
las puertas de la vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.
Pablo Neruda
(Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto)
Chile
Parral, 2 de julio de 1904/
Santiago de Chile, 23 de septiembre de 1973

10 octubre 2017

Karmelo Iribarren, La fórmula

Para Iñigo Peciña Begiristain

Hay que estar preparados para lo peor
y disfrutar de lo bueno. Esa es
la fórmula. Saber que nada es duradero;
que la palabra siempre es engañosa,
falsa, equívoca; que lo que hoy nos une
eternamente, mañana será polvo, odio quizás,
historia de la mala; que la vida se venga
en la felicidad. Saber que será así,
o podrá serlo. Y vivir como si el tiempo
nos debiese algo, como si fuese nuestro,
exigiéndole al contado lo que nos pertenece.
Karmelo Iribarren
España
San Sebastián, 19 de septiembre de 1959

09 octubre 2017

Ida Vitale, Aclimatación

Primero te retraes,
                                      te agostas,
pierdes alma en lo seco,
en lo que no comprendes,
intentas llegar al agua de la vida,
alumbrar una membrana mínima,
una hoja pequeña.
                                       No soñar flores.
El aire te sofoca.
                                    Sientes la arena
reinar en la mañana,
morir lo verde,
subir árido oro.

Pero, aún sin ella saberlo,
desde algún borde
una voz compadece, te moja
breve, dichosamente,
como cuando rozas
una rama de pino baja
ya concluida la lluvia.
Ida Vitale
Uruguay

Montevideo, 2 de noviembre de 1923

08 octubre 2017

José Ángel Valente, El temblor

La lluvia
como una lengua de prensiles musgos
parece recorrerme, buscarme la cerviz, bajar,
lamer el eje vertical,
contar el número de vértebras que me separan
de tu cuerpo ausente.

Busco ahora despacio con mi lengua
la demorada huella de tu lengua
hundida en mis salivas.

Bebo, te bebo
en las mansiones líquidas
del paladar
y en la humedad radiante de tus ingles,
mientras tu propia lengua me recorre
y baja,
retráctil y prensil, como la lengua
oscura de la lluvia.

La raíz del temblor llena tu boca,
tiembla, se vierte en ti
y canta germinal en tu garganta.
José Ángel Valente
España
Orense, 25 de abril de 1929
Ginebra, Suiza,18 de julio de 2000