19 septiembre 2017

Marina Tsviestaieva, Soy una sombra de la sombra de alguien

No pienso, no me quejo,
no disiento, no duermo.

No me lanzo ni al Sol, ni a la Luna,
ni al mar, ni a la nave.

No siento el calor de éstas paredes
ni el verdor del jardín.

Ya no espero la dádiva
que anhelaba y soñaba.

No me alegra la mañana
ni el tranvía su correr sonoro.

Sin el ver el día vivo,
olvidada de la fecha y del siglo.

Sobre una cuerda a punto de partirse,
soy una pequeña volantinera.

Soy una sombra de la sombra de alguien.
Soy una lunática de dos lunas oscuras.
Marina Tsvetáieva
Rusia
Moscú, 8 de octubre de 1892
Yelábuga, 31 de agosto de 1941

18 septiembre 2017

Claudia Masin, Cría cuervos

Los niños, como los gatos, podemos ver en la oscuridad.
Vigías que saben que no pueden deslumbrarse
con su propio sueño, pasamos las horas
tejiendo una tela finísima alrededor
de nuestro miedo. Después, muchos años después,
solías decirme, llega el olvido y podemos dormir
sin sobresaltos. Yo aún no he olvidado. 
Cada noche, nos intercambiamos historias
como joyas. Esta te queda bonita,
esta le sienta bien a tu piel, a tus ojos:
Había una niña que era tan pequeña
que cabía en la palma de una mano.
Si yo fuera esa niña —pienso— elegiría
vivir en tu mano. Podrías cerrarla
y dejarme sin nada, pero toda buena historia
necesita una tragedia, un vuelco inesperado
en la trama. No quiero que llegue el fin
de tu relato, que la noche se acabe. No sé qué hay
del otro lado. La vida es una imagen
que va desdibujándose, perdiendo los contornos
día a día. Crecer es el tránsito de la imagen precisa
a la distorsión. Quiero seguir siendo niña
para conservar la vista.
Claudia Masin
Argentina
Resistencia, Chaco,1972

17 septiembre 2017

Sylvia Plath, Cruzando el agua

Lago negro, bote negro, dos personas recortadas en papel negro.
¿Adónde van los árboles negros que beben aquí?
Sus sombras deben cubrir Canadá.

Entre las flores acuáticas se filtra algo de luz
Sus hojas no quieren apurarnos:
son redondas, planas y están llenas de avisos oscuros.

Del remo se sacuden mundos fríos.
El espíritu de la negrura está en nosotros, en los peces.
Un tronco levanta una mano pálida para decir adiós.

Las estrellas se abren entre los lirios.
¿No te encandilan sirenas tan inexpresivas?

Este es el silencio de las almas absortas.
Sylvia Plath
Estados Unidos
Jamaica Plain, Boston, Massachusetts, 27 de octubre de 1932
Londres, 11 de febrero de 1963

Victoriano Crémer, Dulce amor

Las cosas suceden así,
sencillamente:

Vuelven del trabajo
con sabor de cal viva entre los dientes.
la esposa les contempla con costumbre.
-¿Quién dice amor, si la palabra estalla?-.

Y cogen del pan,
como si fuera barro y arena,
un puñado tan sólo.
(Es pan de pobres, desalado y negro
y triste como el silencio de la casa toda.)

Y se marchan.

(La esposa les oye cerrar la puerta,
pero no dice nada. ¡Está tan cansada!
Prefiere aquella fría soledad
con olor de abandono.

Pudiera recordar su juventud y dormir,
pero ¿quién sueña o duerme?
Los pobres no recuerdan;
mueren como las piedras roídas de las murallas.

Ellos, en tanto, beben
un agrio vino con sabor de azufre;
y si ríen y gritan y golpean,
es porque -¡Dios, qué vida!-
da rabia beber sin alegría.

Acaso entonces lleguen hombres
de esos que velan por la paz de las familias,
y les hablen del dulce amor de las esposas
y del descanso junto al fuego,
escuchando, por la radio, una dulce canción,
mientras los niños buscan en el atlas
países coronados de yedras o corales...

Si esto sucede, gritan con más fuerza
y beben más vino agrio con sabor de azufre,
hasta que ya no saben dónde tienen los ojos,
ni por qué les duele el corazón.

Les arrojan con prisa.
La calle es larga, y en el firmamento
las estrellas relucen.

Regresan a la casa -¡oh dulce hogar!- llorando.
La esposa les contempla con costumbre.
-¿Quién dice amor, si la palabra estalla?-.
Victoriano Crémer
España
Burgos, 18 de diciembre de 1906
León, 27 de junio de 2009

16 septiembre 2017

Jaime Labastida, Invocación a una alta imagen

A Ruth

Mujer de viento,
permite que la playa de tu oído
recoja el mar de mis palabras.

He de enseñarte a amar lo que yo amo
y has de aprender a amarte toda tú:
He de romper lo unido a la costumbre
para que tu sed conquiste calma.

Ya te hundiste en el agua
y vives, como océano,
ciñendo el continente de mi torso.
¿Ves el reflejo de la sal en los esteros?
He aquí que tu mirada dulcifica.

Estela es tu nombre.
En mí la dejas como un vasto ámbito de espuma
o una turbia primavera aflorando hasta la piel.
¡Ah, la tierna región que ahora me señalas!

Recoge de mi antorcha el fuego suficiente
para quemar la casa de tus padres.

Corazón de designios amables,
acaricia mi esperanza arrodillada.
Te invoco, mujer:
siente la savia de mi voz;
te imploro, imagen alta abierta a mi resguardo.

Abanico del aire, tócame.
Cabellera del fuego, incéndiame.
Ánfora de la alegría, sáciame.
Señora de la luz, concédeme la sombra.
Jaime Labastida
México
Los Mochis, 1939

15 septiembre 2017

Alejandra Pizarnik, Peregrinaje

A Elizabeth Azcona Cranwell

Llamé, llamé como la náufraga dichosa
a las olas verdugas
que conocen el verdadero nombre
de la muerte.
He llamado al viento,
le confié mi deseo de ser.
Pero un pájaro muerto
vuela hacia la desesperanza
en medio de la música
cuando brujas y flores
cortan la mano de la bruma.
Un pájaro muerto llamado azul.
No es la soledad con alas,
es el silencio de la prisionera,
es la mudez de pájaros y viento,
es el mundo enojado con mi risa
o los guardianes del infierno
rompiendo mis cartas.
He llamado, he llamado.
He llamado hacia nunca.
Argentina
Avellaneda, 29 de abril de 1936/
Buenos Aires, 25 de septiembre de 1972

Carlos Drummond de Andrade, Poema que ocurrió

Ningún deseo en este domingo
ningún problema en esta vida
el mundo paró de repente
los hombres quedaron callados
domingo sin fin ni comienzo.

La mano que escribe este poema
no sabe que está escribiendo
mas puede ser que si supiese.
Carlos Drummond de Andrade
Brasil
Itabira, Minas Gerais, 31 de octubre de 1902
Río de Janeiro, 17 de agosto de 1987

14 septiembre 2017

Vladímir Gandelsman, La resurrección de la madre

Ponte el abrigo. Y la bufanda.
Cogerás frío. Cierra el armario.
¿Cuándo vuelves? ¿Cuándo vuelves?
Seguro que llueve. Llueve.

Al volver compra pan. Pan.
Arriba, ya son menos cinco.
He traído una cosita rica.
Llegamos hasta el día dos.

Hoy no es festivo. ¿Para qué lo abres?
Dios mío, ¡otro disparate!
Fuera de aquí. Fuera de aquí.
Tu padre y yo no hemos podido dormir.

Cómo corren los días. Días.
He dicho hasta el botón de arriba.
Con éstos, por el mal camino.
Hay que cortar ese pelo. El pecho

desabrochado. Me volveré loca.
¿Te crees que esto es una despensa?
Sé una persona. N-Z33. B-U34.
Ponte derecho. CH-P35. TS-U36.

Hay que hacer un recado.
Cuélgalo de la percha.
Esta tos no me gusta.
A la cama. A la cama.

No hables en su presencia.
Ya son menos cinco. Arriba. Arriba.
Tenía que comprar un piano. Piano.
Fortalécete, como el acero.

Me llevará a la tumba. Tumba.
Deja que te toque la frente. Frente.
No fumes. No te arruines
los pulmones. No seas impertinente.

No cojas frío. Esta noche ha nevado.
Está claro, tú has bebido.
Está claro, tú has bebido. Confiésalo.

Te quedas solo. Riega las plantas.
Vladímir Gandelsman
Rusia
1948 

13 septiembre 2017

Hilda Hilst, No me busques ahí

No me busques ahí
donde los vivos visitan
a los llamados muertos.
Búscame
dentro de las grandes aguas
en las plazas
en el corazón del fuego,
entre caballos, perros,
en los arrozales, en el arroyo
o junto a los pájaros
o en el reflejo
de alguien
que sube un duro camino

Piedra, semilla, sal
Pasos de la vida. Búscame ahí.
Viva.
Hilda Hilst
Brasil
Jaú, Estado de São Paulo, 21 de abril de 1930
Campinas, Estado de São Paulo, 4 de febrero de 2004 

12 septiembre 2017

Rafael Maya, Todo pasó

Todo pasó como la breve sombra
de un ave que atraviesa el firmamento.
Pasó la eternidad en un momento,
y el recuerdo traidor ya no te nombra.

Tan sólo el corazón gime y se asombra
ante la realidad de su tormento:
¡Noche oscura, relámpagos y viento,
y un manto de hojas que el sendero alfombra!.

Pero hasta ayer, no más fuiste la vida
luz del pasado, apoyo del futuro,
timón del alma y venda de la herida.

hoy pienso en tí, mi bello amor lejano
cual se recuerda, sobre el lecho duro,
el sueño de una noche de verano. 


Rafael Maya
Colombia
Popayán, marzo de 1897
Bogotá, 22 de julio de 1980

11 septiembre 2017

Hilda Doolittle, Los misterios permanecen

Los misterios permanecen,
yo sigo el mismo
ciclo del tiempo de la siembra
y del sol y la lluvia;
como Démeter en la hierba,
multiplico,
renuevo y bendigo
como Baco en la viña,
sustento la ley,
abrazo los misterios verdaderos,
el primero de ellos
nombrar muertos a los vivos;
soy el pan y el vino.
abrazo la ley,
Sustento los misterios verdaderos,
yo soy la viña,
y las ramas, vos
y vos.
Hilda Doolittle
Estados Unidos
Bethlehem, Pensilvania, 10 de septiembre de 1886
Zúrich, Suiza, 27 de septiembre de 1961

10 septiembre 2017

Vicente Aleixandre, El poeta se acuerda de su vida

Perdonadme: he dormido.
Y dormir no es vivir. Paz a los hombres.
Vivir no es suspirar o presentir palabras que aún nos vivan.
¿Vivir en ellas? Las palabras mueren.
Bellas son al sonar, mas nunca duran.
Así esta noche clara. Ayer cuando la aurora,
o cuando el día cumplido estira el rayo
final, y da en tu rostro acaso.
Con un pincel de luz cierra tus ojos.
Duerme.
La noche es larga, pero ya ha pasado.
Vicente Aleixandre
España
Sevilla 26 de abril de 1898/
Madrid 14 de diciembre de 1984

Mª Julia Magistratti, Amores

Amamos
los nombres con los que nombramos las cosas exclusivas e íntimas.
Amamos
las fibras que no pudimos dejar vivir.

Y es entonces cuando los tallos se quiebran
y aparece un limón en tu vereda;
cuando el viento recarga los objetos

cuando respondes con palabras obesas todo lo que ignoras.

Y te fracasa la maternidad de los instantes del mundo.
Y las mañanas con su caracol salpicado de rocío.

Y pides a nadie que te alcance un rosario
cuyas cuentas son de miga de pan.
Mª Julia Magistratti
Argentina
Azul, Buenos Aires, 1976

09 septiembre 2017

Odette Alonso, Balcón al mar

Llego a tus costas
como al reverso menos cruel de la moneda
y tengo todo el tiempo para amarte
aunque el amor no sea más que alguna carta
a veces una espera.
Me desvisto en el muelle
me deslumbro
tiendo mi mano para hallar otra respuesta
y allí estás tú
allí vuelvo a encontrarte
toda tu firme voluntad sobre mis huesos.
La Habana
al otro lado
es una mancha
una extensa muchacha de luces en la espalda
siempre llena de veredas y centauros.
Porque no soy igual a los demás es que te amo
cuando la muerte es una rosa de los vientos
un golpe de suerte
una limpia palmada sobre el hombro.
Porque no soy igual a los demás es que te canto
que asciende mi canción buscando un puerto
un balcón frente al mar
donde dejar mi mano
donde dejar toda mi voz a buen recaudo
sobre el reverso menos cruel de la moneda. 
Odette Alonso
Cuba
Santiago de Cuba, 23 de enero, 1964

Mark Strand, El final

No todo el mundo sabe qué cantará el final,
mirando el muelle mientras se va alejando el barco,
o cómo será cuando el rugido del mar lo inmovilice, ahí, al final,
o en qué habrá de cifrar sus esperanzas cuando sepa que ya no va a volver.

Cuando pase el momento de podar la rosa o acariciar el gato,
cuando al atardecer que incendia el césped y la luna llena que lo escracha
ya no aparezcan màs, no todo el mundo sabe lo que ha de descubrir en su lugar.
Y cuando el peso del pasado ya no se apoye en nada, y el cielo ya no sea

sino la luz recordada, y los cuentos de cirros y de cúmulos
se terminan y todos los pájaros se queden suspendidos en la mitad del vuelo,
no todo el mundo sabe lo que estará esperando, o qué habrá de cantar
cuando el barco en que viaja lentamente se adentre en la negrura, ahí al final."
 Mark Strand
Estados Unidos
Summerside, Isla del Príncipe Eduardo, Canadá,11 de abril de 1934/
Nueva York, 29 de noviembre de 2014