28 marzo 2017

Carlos Castro de Saavedra, Amor

Un deseo constante de alegría;
una urgencia perenne de lamento
y el corazón, campana sobre el viento
estrenando badajas de elegía.

Morir mil veces en un solo día
y otras tantas quemar el pensamiento
en la resurrección, que es el tormento
de pensar en la próxima agonía.

Ver en pupilas de mujer un llanto
y sorprenderlo convertido en canto
al soñar en un niño que lo vierte.

Esto es amor, candela estremecida
empujando la noche de la vida
hacia la madrugada de la muerte.

 Carlos Castro de Saavedra
Colombia
Medellín, 10 de agosto de 1924/
Medellín, 3 de abril de 1989

27 marzo 2017

Víctor Bustamante , Blues

No sabe a qué horas ni cómo ha llegado
De repente en la espesura del alba
recuerda, con su boca pastosa,
risas, cascos de limón, agua, rock, tangos y boleros, soda,
colillas y cenizas animadas por el espíritu del licor
Realiza un balance: palabras, luces, salsa,
una mirada hambrienta a alguna muchacha,
autos que pasan, alguna cita que no cumplirá,
algún beso robado a una bella boca roja
y sobre todo una lagrima de hielo
que aun persiste.
Así lloran los hombres.
Beben hasta exprimir todas las botellas.
Se drogan hasta que la cabeza queda con alto octanaje.
Buscan el exceso del sexo
pero sobre todo alguna muchacha que los escuche
porque los excesos narcotizan,
conducen al mar de la tranquilidad y del silencio.
 Aun en la mesa de madera
preludio de tantas visitas
lo ha desgarrado cierta ausencia
también lo habitan vetas de licor rojo
más risas
pero sobre todo
esa puta lagrima de hielo.

Víctor Bustamante
Colombia
Barbosa, 1954

Ana Atalaya, Vive

A mi madre
El otoño atrapado en una caricia 

El brillo como estrellas fugaces 
La sonrisa lenta a compás 
El verdor sedoso de tu mirada 
Tus pasos, tus noes, tus síes,
Tu fuerza innata, 
Tu escuela, mi escuela, 
la escuela de los suspendidos 
que repiten una y otra vez 
Aprender la lección cuesta 
Vive, vives, Maestra Única, 
amada Madre, 
Majestuosa Diosa. 
En mi corazón, tu trono.

Ana Atalaya
España

26 marzo 2017

Abigael Bohórquez, Llanto por la muerte de un perro

Hoy me llegó una carta de mi madre
y me dice, entre otras cosas: —besos y palabras—
que alguien mató a mi perro.

“Ladrándole a la muerte,
como antes a la luna y el silencio,
el perro abandonó la casa de su cuerpo,
—me cuenta—,
y se fue tras de su alma
con su paso extraviado y generoso
el miércoles pasado.
No supimos la causa de su sangre,
llegó chorreando angustia,
tambaleándose,
arrastrándose casi con su aullido,
como si desde su paisaje desgarrado
hubiera
querido despedirse de nosotros;
tristemente tendido quedó,
—blanco y quebrado—,
a los pies de la que antes fue tu cama de fierro.
Lo hemos llorado mucho...”

Y, ¿por qué no?
yo también lo he llorado;
la muerte de mi perro sin palabras
me duele más que la del perro que habla,
y engaña, y ríe, y asesina.
Mi perro siendo perro no mordía.
Mi perro no envidiaba ni mordía.
No engañaba ni mordía.
Como los que no siendo perros descuartizan,
destazan,
muerden
en las magistraturas,
en las fábricas,
en los ingenios,
en las fundiciones,
al obrero,
al empleado,
al mecanógrafo,
a la costurera,
hombre, mujer,
adolescente o vieja.

Mi perro era corriente,
humilde ciudadano del ladrido-carrera,
mi perro no tenía argolla en el pescuezo,
ni listón ni sonaja,
pero era bullanguero, enamorado y fiero.
A los siete años tuve escarlatina;
y por aquello del llanto y el capricho
de estar pidiendo dinero a cada rato,
me trajeron al perro de muy lejos
en una caja de zapatos. Era
minúsculo y sencillo como el trigo;
luego fue creciendo admirado y displicente
al par que mis tobillos y mi sexo;
supo de mi primera lágrima:
la novia que partía,
la novia de trenzas de racimo y de la voz de lirio;
supo de mi primer poema balbuceante
cuando murió la abuela;
mi perro fue en su tiempo de ladridos
mi amigo más amigo.

“Ladrándole a la muerte,
como antes a la luna y el silencio,
el perro abandonó la casa de su cuerpo,
—dice mi madre—,
y se fue tras de su alma —los perros tienen alma:
un alma mojadita como un trino—
con su paso extraviado y generoso
el miércoles pasado...”

Ay, en esta triste tristeza en que me hundo,
la muerte de mi perro sin palabras,
me duele más que la del perro
que habla,
y extorsiona,
y discrimina,
y burla;
mi perro era corriente,
pero dejaba un corazón por huella;
no tenía argolla ni sonaja,
pero sus ojos eran dos panderos;
no tenía listón en el pescuezo,
pero tenía un girasol por cola
y era la paz de sus orejas largas
dos lenguas
de diamantes.

Abigail Bohórquez
México
Caborga, Sonora 12 de marzo de 1936/

Hermosillo, Sonora 28 de noviembre de 1995

25 marzo 2017

Rosalia de Castro, Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros...

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
ni la onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso
de mí murmuran y exclaman:
Ahí va la loca soñando
con la eterna primavera de la vida y de los campos,
y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

-Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
con la eterna primavera de mi vida que se apaga
y la perenne frescura de los campos y las almas,
aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

Rosalia de Castro
España
Santiago de Compostela, 24 de febrero de 1837/
Padrón, 15 de julio de 1885, Padrón

24 marzo 2017

Julio Mariscal, Ecce-Homo

A Manuel Mantero

 Así es como te quiero. Así, Dios mío,
con el dogal de “Hombre” a la garganta.
Hombre que parte el pan y suda y canta
y va y viene a los álamos y al río.

Hombre de carne y hueso para el frío
guiñol que nos combate y nos quebranta.
Arcilla de una vez para la planta
y el látigo del viento y del rocío.

Así, Señor, así es como te espero:
vencido por el fuerte, acorralado,
cara al hombre y al mundo que te hiere.

Carne para los perros del tempero,
piedra en que tropezar, luz y pecado,
hombre que solo nace y solo muere.

Julio Mariscal
España
Arcos de la Frontera, Cádiz, 1922 / 1977

23 marzo 2017

Sebastián Olaso, XXVIII

Barrerás tu vereda.
Adheridos a las hojas se irán
los amigos secos, los traidores,
los ingratos.
Echarás a patadas a los que pudieron,
a los que supieron, a los que se animaron.
Los hermanos sin sangre y las mujeres sin huesos
se perderán en el polvo.
Te perderás el polvo.
Tanto vacío detrás de tanta basura.
Los escombros de un hombre
caben en la nada.

Sebastián Olaso
Argentina
San Nicolás, Buenos Aires, 1968
de Tiranía del desborde
 

Alberto Blanco, Un buen poema

Un buen poema
debe tener la fuerza suficiente
para aguantar de todo:

 Ediciones caseras,
malas traducciones,
errores de ortografía, erratas,
machetazos a caballo de espadas,
cartas de amor,
bibliotecas olvidadas,
programas de televisión,
películas de arte,
películas de las otras,
ironías de la vida,
correcciones de última hora,
internet,
manifiestos,
revoluciones,
malos gobiernos,
conversaciones de café,
confesiones de media noche,
días con sol, días nublados,
buenas críticas,
malas críticas,
cero críticas.

 Un buen poema
debe ser lo suficientemente fuerte
como para soportar
interpretaciones abusivas,
cursos escolares, tesis,
musicalizaciones,
antologías,
presentaciones,
lecturas colectivas,
homenajes, plagios,
epígrafes, dedicatorias,
obras completas.

Alberto Blanco
México
Ciudad de México , 18 de febrero de 1951/

22 marzo 2017

Ida Vitale, Este mundo

Sólo acepto este mundo iluminado
cierto, inconstante, mío.
Sólo exalto su eterno laberinto
y su segura luz, aunque se esconda.
Despierta o entre sueños,
su grave tierra piso
y es su paciencia en mí
la que florece.
Tiene un círculo sordo, limbo acaso,
donde a ciegas aguardo
la lluvia, el fuego
desencadenados.
A veces su luz cambia,
es el infierno;
a veces, rara vez,
el paraíso.
Alguien podrá quizás
entreabrir puertas,
ver más allá
promesas, sucesiones.
Yo sólo en él habito,
de él espero,
y hay suficiente asombro.
En él estoy,
me quede,
renaciera.

Ida Vitale
Uruguay
Montevideo, 2 de noviembre de 1923

21 marzo 2017

Ana Ajmatova, Para muchos

Soy vuestra voz, calor de vuestro aliento,
El reflejo de todos vuestros rostros,
Es inútil el batir del ala inútil:
Estaré con vosotros hasta el mismo final.

Y por eso me amáis ávidamente,
Con todos mis pecados y flaquezas,
Y por eso me entregasteis sin mirar
Al mejor de todos vuestros hijos,
Y por eso no me preguntasteis
Por ese hijo ni una sola vez,
Y llenásteis con el humo de alabanzas
Mi casa ya vacía para siempre.
Y dicen que más estrechamente ya no es posible unirse
Y que más irreversiblemente ya no se puede amar...
Como la sombra quiere separarse del cuerpo,
Como la carne quiere separarse del alma,
Así deseo yo que me olvidéis vosotros.

Ana Ajmatova
Rusia
Odesa, Ucrania , 23 de junio de 1889
Domodedovo, Rusia, 5 de marzo de 1966

20 marzo 2017

Daniel Faria, Las mujeres aspiran la casa hacia dentro de los pulmones

Las mujeres aspiran la casa hacia dentro de los pulmones
Y muchas se transforman en árboles llenos de nidos
Así son las mujeres– aunque las casas tengan tejados inclinados
Por el peso de las aves que allí se cobijan-.

Es en la ventana de los hijos donde las mujeres respiran
Sentadas en los escalones mirando hacia ellos y muchas
Se transforman en escaleras.

Muchas mujeres se transforman en paisajes
En árboles llenos de niños trepando que se cuelgan
De las ramas - del cuello de las madres-  hasta que los árboles resplandecen
Llenos de brotes.

Las mujeres aspiran hacia adentro
Y gestan continuamente. Se transforman en huertos
Limpian la casa
Ponen la mesa
Alrededor del corazón.

Daniel Faria
Portugal
Paredes, 1971/1999

16 marzo 2017

José Ángel Valente, Esta imagen de ti

Estabas a mi lado
y más próxima a mí que mis sentidos.

Hablabas desde dentro del amor,
armada de su luz.
Nunca palabras
de amor más puras respirara.

Estaba tu cabeza suavemente
inclinada hacia mí.
Tu largo pelo
y tu alegre cintura.
Hablabas desde el centro del amor,
armada de su luz,
en una tarde gris de cualquier día.

Memoria de tu voz y de tu cuerpo
mi juventud y mis palabras sean
y esta imagen de ti me sobreviva.

José Ángel Valente
España
Orense, 25 de abril de 1929
Ginebra, Suiza, 18 de julio de 2000

15 marzo 2017

Raúl Gustavo Aguirre, Yo no te guardaré

Ya no te guardaré, se deshizo la música
donde me pareció que estabas.
Eran cristales rotos, o arena, no sé bien:
yo pisé y comprendí.

Comprendí con asombro que el tiempo se estiraba
desesperado y sin sentido
y que yo no era nadie
excepto el que te amó.

Eran cristales rotos, piedras o desventuras,
eran cuerpos enormes o cenizas, no sé.
Yo pisé y comprendí.

Raúl Gustavo Aguirre 
Argentina
 Buenos Aires, 2 de enero de 1927/
18 de enero de 1983

Jorge Cadavid, Un cazador de orquídeas

El estrago de las orquídeas cesó.
Algunas se extinguieron para siempre
de la faz de la tierra.
Empezó la era de la colonización.
Las orquídeas poblaron todo el planeta.
Hay especies en Alaska, Siberia
e incluso en Groenlandia.
Para adaptarse a condiciones
de vida tan diversas, las orquídeas
han demostrado que poseen
una gran capacidad de imaginación.
Linneo suponía, como Aristóteles,
que las orquídeas vivían
sólo del aire, como los poetas.

Jorge Cadavid
Colombia
Pamplona, Colombia, 1962

14 marzo 2017

Gloria Fuertes, Que quien me cante se cure

Qué inutilidad es ser
-cualquier profesión discreta-;
no quiero ser florecilla quitameriendas,
quiero ser quitadolores,
Santa Ladrona de Penas
ser misionera en el barrio
ser monja de las tabernas
ser dura con las beatas
ser una aspirina inmensa
-que quien me cate se cure-
rodando por los problemas.
Hacer circo en los conflictos,
limpiar llagas en las celdas,
proteger a los amantes imposibles,
mentir a la poesía secreta,
restañar las alegrías
y echar lejía a donde el odio alberga.

Si consigo este trabajo,
soy mucho más que poeta.

Gloria Fuertes
España
Madrid, 28 de julio de 1917/
27 de noviembre de 1998

Fernando Sabido Sánchez, Imagine

Por la piel de los que soñamos
un mundo diferente
pasan con premura los años
a los que empapa la pesadumbre
mientras se aquieta en nuestro interior
la esperanza

Con frecuencia nos sobresaltan
las infinitas cúspides del odio, inflamando
la pereza latente en las tormentas

Y aùn se encoge nuestro corazón,
cuando John Lennon nos incita
a que lo imaginemos


Fernando Sabido Sánchez
España
Peñaroya-Pueblonuevo, Córdoba, 28 de agosto de 1950

13 marzo 2017

Álvaro Valverde, Mecánica terrestre

Lo mismo que una imagen              
recuerda a alguna análoga
y una sombra a la fresca
humedad de otra estancia              
y un olor a una escena
cercana por remota
y esta ciudad a aquélla              
habitable y distante,
así, cuando la tarde
se hace eterna y es julio              
todo expresa una múltiple,
inasible presencia,
y el agua es más que el filtro              
de lo que fluye y pasa
y la luz más que el velo
que ilumina las cosas              
y el viento más que el nombre
de una oscura noticia.

Álvaro Valverde
España
Plasencia 1959/

Ana Mª Rossetti, Siempre nocturno

Cada noche implacable, cada noche,
la ginebra cimbrea visiones y deseos,
y un lamento de intolerable ansia
-dice llamarse música- exhausta se sucede.
Y el neón carmesí, cordoncillo enredado
en la pálida estrella de la aurora
sólo es sangre delgada. Despedida.

Ana Mª Rossetti
España

San Fernando, Cádiz, 15 de mayo de 1950

12 marzo 2017

Teresa Palazzo, Cara y ceca

La vida
ha traspasado los olvidos
en cada estante de la noche.

Hundida
en el fracaso de un sueño esquivo,
la siento fustigar
en sucesivas imágenes
que el espejo disloca.

Visito su choza
de puertas giratorias;
entro y salgo
de las vísperas y de los futuros encuentros
con la muerte que acecha.

Pasajera
de instantes insufribles,
logra rozar mis manos
para robarme
el hemisferio habitado
y dejarme hueca,
sólo multiplicada
por esas aguas
que copiarán a otros
cuando yo me vaya.

Teresa Palazzo
Argentina
Buenos Aires, 1966

11 marzo 2017

Laura Victoria, Amor no es

Ya ni versos escribo, sólo queda
este soñar de lágrimas teñido,
y una queja distante en el olvido
azul lejano de tu voz de seda.

Amor no es, es algo que remeda
la desmembranza del rosal caído,
donde ya ni las sombras hacen nido,
ni el viento en rondas de cristal enreda.

Algo que ayer fue lirio de mi fuente,
frescura de mi noche, y suavemente
luminar en mi senda florecida.

Algo que en mi agonía aún retengo,
porque es la única verdad que tengo
y no puedo arrancarla de mi vida.

Laura Victoria
 (Gertrudis Peñuela)
Colombia
Soatá, Colombia, 17 de noviembre de 1904/
Ciudad de México, México,15 de mayo de 2004