29 mayo 2017

Ulla Hahn, Envejecer

Vacilar en medio de la frase

Preguntar cuando se cree
haber comprendido

No tener más prisa
por querer saber

Retener una piedra un cristal
una mano más de lo necesario

Tocar al hablar el brazo del interlocutor
para sentir que se está aún aquí

Perder un libro una mirada una piel
y no querer ya encontrarlos

Recordar en vez de anhelar

Entrenar como un músculo el pensamiento:
todo esto estará aquí después de mí

Sentir como si hubiera alguien en la habitación.

Ulla Hahn
Alemania
Kirchhundem, 30 de abril de 1946 

28 mayo 2017

Gastón Baquero, Jamás con ese final

Si tomas entre los dedos
la palabra amor,
y la contemplas de derecho a revés,
y de arriba abajo,
verás que está hecha de algodón,
de niebla,
y de dulzura.
             
Si después aprisionas
la palabra música,
sentirás entre tus dedos
el crujir de una frágil
lámina de arena.
             
Si cae entre tus manos
la palabra jamás,
la terrible palabra
que pone punto final a la pasión
y al destino,
sentirás que está lleno de infinito,
y que la serpiente inmóvil de la S
es un eslabón entre el fuego y la nieve,
entre el infierno y el cielo,
entre el amor y la música.
             
La palabra jamás con ese al final
no termina nunca;
rodea la tierra y salta luego,
perdiéndose en el océano
de las estrellas.

Gastón Baquero
Cuba
Banes, 4 de mayo de 1914

Madrid, 15 de mayo de 1997

27 mayo 2017

Sebastián Olaso, El huésped...

El huésped
revolvió entre los secretos
que yo escondía en mis cajas.
Los manchó de ajenidad.
Y después de llevarse
lo que nadie debió ver
me dejó
vacío de misterios.
Desnudo.
Delatado.

Sebastián Olaso
Argentina
San Nicolás, Buenos Aires, 1968

26 mayo 2017

Alberto José Pérez, Respiro sin amor

Yo respiro hasta sin amor
y digo buenos días a los dolores más profundos
y adiós cuando nadie me despide

la ciudad enloquece con tanta sombra
entre las cuales me distingo

yo respiro hasta sin amor
basta un río y una montaña.

Alberto José Pérez
Venezuela
El Samán de Apure, Estado Apure,18 de mayo de 1951

25 mayo 2017

Josefa Parra, Nuestro hogar

Donde tú no me duelas,
debajo o por encima de las cosas presentes,
estará nuestro hogar.
Tocado por el rayo
de lo invisible, inmune a la rutina,
más firme cuanto menos apropiado,
en lo oscuro será
un faro.
 En su ventana, cada noche
–todas las noches, siempre, aunque no vengas–,
alumbrará el deseo.

Josefa Parra
España
Jerez de la Frontera, Cádiz, 7 de febrero de 1965 

24 mayo 2017

Juan Carlos Suñen, Uno se queda solo

Uno se queda sólo
sin entrar en detalles.

Uno se queda a medias en su vaso de vino,
a medias en su pan. Y cómo puede
no volverse su embozo tan pesado,
tan gastado en el hombre, que alguien sepa
poner allí más verbo
que este que da comienzo a la altura del pomo,
este que se interroga
entre la voluntad y la añoranza.

Uno sale a la calle para probar sus dados
sobre la vieja manta de la noche.

Juan Carlos Suñen
España
Madrid, 1956

23 mayo 2017

Valerio Magrelli, Si todo debiese andar bien

Si todo marchara bien,
realmente bien, sin incidentes o desgracias,
al fin llegará la temblorina.
Veo vibrar a amigos más viejos,
de manos y barbillas temblorosas.
Hablemos, pues, de este movimiento,
del viento que sopla desde adentro
y continuamente sacude
las hojas de los dedos.
Por lo tanto, es ésta la constante
agitación neurológica que me aguarda
si todo, pero todo, marcha bien.
Y me trasformaré en un abedul
o en un ciprés a orillas del río,
en ese tremolar de luces
alzadas por la brisa.
Seré soplo, me haré soplar,
como ropa tendida bajo el sol.

Valerio Maguelli
Italia
Roma, 10 de enero de 1957
 

22 mayo 2017

Manuel Lozano, Odílica

Ese mismo viento cadavérico alberga un rostro
de tierra, de piedra cóncava al sol.
¿No oíste pasar su aliento
como amuleto fluvial de los odílicos?
La huella quiebra el mármol.
En esta cumbre me fulguras.

Manuel Lozano
Argentina
Córdoba, 1969

21 mayo 2017

Vicente Gallego, Lo que al día le pido

Lo que al día le pido ya no es
que me cumpla los sueños, que me entregue
los deseos cumplidos de otros días,
porque al fin he aprendido que los sueños
son igual que las alas de un insecto
y al tocarlos el hombre se deshacen;
y es que un sueño al cumplirse es otra cosa
que no ayuda a volar.
Lo que al día le pido es ese sueño
que al rozarlo se parta en otros sueños
lo mismo que una bola de mercurio,
y que brille muy lejos de mis manos.
Lo que al día le pido empieza a ser
más difícil incluso de alcanzar
que los sueños cumplidos, porque exige
la fe antigua en los sueños.
Lo que al día le pido es solamente
un poco de esperanza, esa forma modesta
de la felicidad.

Vicente Gallego
España
Valencia, 1963

20 mayo 2017

Juan Lamillar, Los lugares del agua

Un pozo. Una mirada.
El rumor de una acequia.
La machadiana fuente.
Un regato en el bosque.
La rueda de fortuna de la noria.
El lago. El mar. El río.
La minuciosa majestad de los océanos.
Pero volvamos al cristal, al espejo,
a la copa callada en el alféizar,
volvamos a tus ojos,
a la humedad precisa de tu boca,
volvamos al amor en los estanques,
y olvida las corrientes subterráneas.
Estos son los lugares del agua:
yo soy el zahorí que la descubre.

Juan Lamillar
España

Sevilla, 1957

19 mayo 2017

Juana de Ibarbourou, Amémonos

Bajo las alas rosa de este laurel florido,
amémonos. El viejo y eterno lampadario
de la luna ha encendido su fulgor milenario
y este rincón de hierba tiene calor de nido.

Amémonos. Acaso haya un fauno escondido
junto al tronco del dulce laurel hospitalario
y llore al encontrarse sin amor, solitario,
mirando nuestro idilio frente al prado dormido.

Amémonos. La noche clara, aromosa y mística
tiene no sé qué suave dulzura cabalística.
Somos grandes y solos sobre el haz de los campos

y se aman las luciérnagas entre nuestros cabellos,
con estremecimientos breves como destellos
de vagas esmeraldas y extraños crisolampos.

Juana de Ibarbourou
Uruguay
Melo, 8 de marzo de 1892/
Montevideo, 15 de julio de 1979

18 mayo 2017

Aris Dikteos, La poesía

Pero tú, Poesía,
que vestiste una vez nuestra desnuda embriaguez,
cuando tiritábamos y no teníamos qué ponernos,
cuando soñábamos, porque no existe otra vida que vivir,
¿no habrá ya nubes para que viaje nuestra ilusión?
¿no habrá ya cuerpos para que viaje nuestro amor?
Pero tú, Poesía,
que no puedes ser encerrada en formas,
pero tú, Poesía,
que no podemos tocar con la palabra,
tú,
última huella de la presencia de Dios entre nosotros,
salva esta hora postrera del hombre,
la más sombría y la más desesperada,
en que la Muerte,
la Soledad,
el Silencio,
lo están aguardando en un instante futuro.

Aris Dikteos
 Grecia
Creta, Grecia, 1919/
Atenas, 1983

17 mayo 2017

Norah Lange, Amanecer

En el corazón de cada árbol
se ha estremecido la medianoche.

La noche se desmenuza
en lenta procesión de niebla.

Todas las tardes terminan su cansancio.

Los letreros luminosos duermen
el asombro de sus colores
y anticipan la contemplación de cada pobre.

En toda esquina vigila el sueño
y es tu recuerdo la única pena
que humilla la altivez de las aceras.

Lejos, el primer mendigo,
traiciona el portal donde ha dormido.

Y la ciudad se abre como una carta
para decirnos la sorpresa de sus calles.

Norah Lange
Argentina
Buenos Aires, 23 de octubre de 1905

Buenos Aires, 5 de agosto de 1972

16 mayo 2017

Manuel Moya, Casas

Antes hubo siete y en todas ellas
el sueño me incendió con el fulgor de un bosque.
En unas aprendí que el invierno suele ser una estación dormida,
que tras los leños arde no sólo la savia y la madera,
sino también el tiempo y sus raíces,
la lluvia que no volverá a empaparnos,
el cielo que ya no ha de protegerte,
en otras bosquejé un rastro de hojarasca,
un río imprevisto, el color de las nubes.

En una de ellas esperé a mi padre y seguí expectante
esas briznas de luz cuando la mañana sabía a mosto y a jalea
y los pozos aún vertían pavor sobre los ojos;
aquella casa olía a medicinas y a un temblor cansado.
A niños y a lluvia,
olía a lluvia y a macetas todo el tiempo.

En otra conocí la primavera de septiembre, sus moscas y sus parras,
la mano de mi abuelo, rota y fría en el terrazo,
la voz desierta de mi hermano ausente (y Dios que se ocultaba)
que perturbaba, y cómo, los espejos. Y el exilio.
En ella conocí la vía láctea publicada en unos hombros,
el liz, la luna y los vergeles de la sangre y la aguatinta.
En ella descubrí cuán solo estaba y el efecto corrosivo de tu nombre.

La otra fue una casa diluida en otras casas
donde las estrellas guardaban todavía un sabor a tahona vieja y a letrina.

Los chicos caminábamos por un corredor sin huesos
y sobre todos cabalgaba un aire ya viciado de amapolas y periódicos.
En ella contemplaba las luces de Sevilla.
El mundo se abismaba en nuestros ojos con prontitud de albatros.
Qué altas se me hicieron desde entonces las ventanas.

Hubo otra casa. Estaba en una esquina, junto a un puesto de flores
y eso es todo, porque allí se conjuró la dicha y el geranio. Las higueras, quietas,
exhalaban su aroma de campanas, cartílagos y verbos. Y yo fui el verbo,
las lonas hinchadas desde el verbo. Y tú te me fuiste
como se va la leche en una madre.

Después vino la sombra, el grito, la oliva cangrenada,
la crucifixión, la noche, el destripado arcángel.
Y descubrí el desierto, esa casa sin techo que llevo a todas partes,
una casa excavada en el talud, bastión para el leopardo.
Un retrato donde el mar acababa en una hoguera:
dentro de unas botas, uno no era más que un trozo de carne
que cualquiera echa a los perros.

Viví bajo un naranjo. Su verde aroma me sigue desde entonces.
Tomé una calle y luego otra y en su savia exprimí
más el consuelo que el asombro. No todo era perdido.

Después vino el mar, una casa en el mar, con pálidas gaviotas
y la sensación de que el mundo era tan joven
que jamás alzaría su mano sobre mí. Un barco
apareció de pronto, tan azul, tan tuyo y nuestro,
que de pronto el sol palideció y se hizo carne
y crecieron las montañas y los dedos. La luz corría más que el agua.
La voz de un niño crepitó en la luz.

Y llegó la octava casa. Esta, sobre la que dejé mis manos y mis uñas,
la que defendí contra mí mismo y contra todos. Esta.

Esta casa, la octava, la penúltima. Sobre la que ahora
me cerca el horizonte, la de la chimenea encendida,
la del balbuceo y la harina, la del ciprés y la tarde,
la del mar al que regreso cada día,
la que sabe a tinta fresca y a potajes,
la alquilada por siempre al domador de fantasmas,
la casa que algún día me guiará al invierno,
esta casa, la de tu tibio nombre.

Manuel Moya
España
Fuenteheridos, Huelva, 1960

15 mayo 2017

Esperanza Medina, Derrota

Se acabó el caminar buscando nombres debajo de los versos,
que la vida se ríe de nosotros cuando hablamos de hacernos inmortales.

Si es que no estoy, lo siento, para más defunciones.
La próxima la mía.
Y que se deje el viento
de esparcir este polen de abandono
que nos hace soñar que siempre queda
la palabra en la herida.

No seguiremos más que como polvo.

Y es que cuando uno muere nada lleva,
tampoco poesía.

Esperanza Medina
España
Avilés, 1964

14 mayo 2017

Jordi Virallonga, Sobre la celebración

Recuerdo que decías:
a veces la vida se encuentra
un segundo antes de su celebración;
antes de que empiece la película
o te rocen la pierna, la mano,
antes de coger el teléfono, de abrir el buzón,
en la última carta del mazo,
en la risa anterior a la sonrisa,
en los frascos abiertos del baño
o al estar en un tris de entender qué sé yo:
el misterio de las brújulas,
el embrujo de las brujas,
por qué flota un petrolero
si se ahoga una persona,
o levita un avión.
Y tú tanto ordenar esas cosas,
disponer cada una en su sitio preciso
sin saber que de nada sirve la vida
si tan sólo hay películas, teléfonos,
manos y piernas, cartas, buzones,
sonrisas, camas y frascos
y yo y los niños y amigos y hostias benditas,
pero no celebración.

Jordi Virallonga
España
Barcelona 1955

13 mayo 2017

Salvador Espriu, Ensayo de cántico en el templo

¡Oh!, Qué cansado estoy de mi cobarde,
vieja, tan salvaje tierra,
y como me gustaría alejarme,
norte allá, donde dicen que la gente es limpia,
y noble, culta, rica, libre,
despierta y feliz.

Entonces en la congregación,
los hermanos dirían desaprobando:
"Como el pájaro que deja el nido,
así el hombre que abandona su lugar",
mientras yo ya muy lejos, me reiría,
de la ley de la antigua sabiduría
de este mi árido pueblo,

Pero no seguiré nunca mi sueño,
y me quedaré aquí hasta la muerte,
porque soy también muy cobarde y salvaje,
y amo además con un desesperado dolor
esta mi pobre,
sucia, triste, desdichada patria.

Salvador Espriu
España
Santa Coloma de Farnés, 10 de julio de 1913
Barcelona, 22 de febrero de 1985

12 mayo 2017

Marià Manent, «Appassionata»

Detrás de tu sonrisa liviana se adivina
                     tu ánima ardorosa
         como en abril, en tarde tempestuosa,
brilla el ocaso de oro detrás de una glicina.

Marià Manent
España
Barcelona, 27 de noviembre de 1898
Barcelona, 1988

11 mayo 2017

Leopoldo Alas, Adiós, Gastón

Mañana darán toda clase de explicaciones.
Se llenarán de viudas los suplementos.
Vanidosos exegetas dirán del fuero interno de su vida
y elogiarán con citas al gran poeta que murió
olvidado.

No fue a velarle al tanatorio de la autopista.
Y en esta oscura noche, de regreso,
pensando que faltaste, por derrame,
al último homenaje que te hicieron,
comprendo que tu ausencia fue el poema.
Qué ironía final, Gastón Baquero,
que enviaste en los días que acababas
a un cubano de Cuba que es santero,
a un cubano de aquí que ha sido un espejismo
y a un tercero, poeta, que me encuentro, me saluda,
 me mira
y brota como en tromba la tristeza.
Tampoco fui a llorarte al crematorio
ni sé si incineraron tu sombrero.

¿Qué anotación al margen con tu caligrafía
de trazos ilegibles, y en qué montón de libros,
anunciaba tu muerte o tu epitafio?
Era verano, la calle vacía.
Andabas muy despacio y en aquel restaurante
te sentabas al fondo mirando hacia la entrada.
“Es lo primero que aprende un buen gángster.
Así nunca te matan por la espalda.”
La muerte innominada se bautiza
con tu nombre, Gastón, en La Almudena.
Y tú que nos decías que el exilio no existe
porque la cuna del hombre es la tierra.
No importa dónde estés, te encuentras en tu casa.
Exilio sería que vinieran habitantes
de otros astros y nos llevaran lejos.
Pero en la tierra no. Estemos donde estemos,
siempre tendremos,
a la misma distancia las estrellas.
En la tierra, decías, tú que eres
cenizas en el aire.
Gastón el exiliado
Abandona la isla de la vida
y los libros. Llevaba por maleta
su espíritu, pequeño paraíso.
Nadie puso laureles en su frente.
Y en esta noche lenta, de triste velatorio
yo en mi ausencia le velo desde casa
y pido tamarindos consagrados.

Leopoldo Alas Mínguez
España
Arnedo, 4 de septiembre de 1962
Madrid, 1 de agosto de 2008

10 mayo 2017

Juan Eduardo Cirlot, A Gaudit

Relámpago de carne hecha de roca,
gesto de invocación incorporada;
anciano de cristal cuya mirada
parece un girasol de doble boca.

En tu oración la luz se ha vuelto loca
llena de mansedumbre exasperada;
y una tormenta azul, paralizada
se postra a ese alarido que convoca.

Tu arquitectura gime como un bosque
crucificado en furia que no mengua
bajo las destrucciones cenitales.

Yo pido a ese sarmiento que me enrosque
con brasas y zafiros esta lengua
de pecados y cantos capitales.

Juan Eduardo Cirlot
España
Barcelona, 9 de abril de 1916/
11 de mayo de 1973